CONSTRUYENDO UNA RELATORIA.
LECTURA DEL TEXTO:
NARCOTRÁFICO EN COLOMBIA: UN
PROBLEMA CREADO EN OTRA PARTE, IMPORTADO Y ASUMIDO COMO PROPIO.
(Álex García Pulgarín)
El fenómeno del narcotráfico es
preocupante, entre otras cosas, por las cifras de detenidos por delitos
relacionados con sustancias prohibidas; en Colombia, además, miles de hectáreas
son fumigadas con pesticidas y la violencia generada alrededor del negocio no
es menos significativa. Este es un muy breve panorama de la lucha frontal
desatada contra las drogas en nuestro país, teniendo en cuenta, entre otras
cosas, las características de país productor y el conflicto armado y a la
violencia generalizada que se vive desde antes; esta lucha o guerra terminó
produciendo una complejidad enorme. Estudiar sus inicios es de gran importancia
para poder entender algunos de los procesos sociales vividos en el país
alrededor de un fenómeno que sin duda aporta elementos decisivos para el
entendimiento actual de nuestra cultura y nuestra situación política, social y
económica.
Tuvimos la posibilidad de
examinar la postura, según la cual el narcotráfico representa uno de los peores
males de la humanidad y se convierte en el enemigo de todos. La guerra contra
la droga y el narcotráfico resulta en sí misma una condición necesaria y
suficiente para la alcanzar un status de bienestar insuperable. Dicha postura,
nos da pie para analizar las prácticas que se derivan de esta persecución y
encontrar otra forma de entender el narcotráfico en el marco de nuestro país.
Entendemos que el narcotráfico y
su persecución tal y como se han venido presentando durante años, cumple una
función determinada y lejos de ser el problema que se nos pretende hacer ver,
es una excelente herramienta para instrumentalizar intereses de algunos poderes
tanto nacionales como mundiales. La política del narcotráfico siempre se dirige
a ciertas sustancias en momentos precisos; en los años 70s recayó en especial
sobre la marihuana dejando de lado por ejemplo el consumo de heroína mientras,
que en la actualidad es sin duda la cocaína la droga que ocupa la mayor
preocupación dejando de lado sustancias que incluso pueden significar mayores
riesgos38. Esto no puede dejar de cuestionarnos entonces sobre los verdaderos
intereses que se esconden tras las banderas por un mundo libre de drogas.
Los países llamados del tercer
mundo ocupan el eslabón más frágil de la cadena económica transnacional de las drogas;
son países con economías débiles y dependientes, con gran parte de su población
sumida en la pobreza y la miseria, con un alto grado de abandono estatal. En el
caso colombiano, sus campesinos se ven atraídos por un negocio que promete
pagarles en ocasiones más del doble de lo que ganarían con un cultivo legal;
así, cultivos como el maíz, el plátano o la yuca, por mencionar solo algunos,
se suprimen para dar cabida a la plantación de grandes hectáreas con la materia
prima de las drogas.
La falta de compromiso del Estado que no subsidia estos
productos y los altos costos para transportar los mismos a los centros urbanos
de consumo, colocan los cultivos ilícitos como una importante fuente de
ingresos para los campesinos, una de las capas sociales que desde antaño ha
tenido que soportar el más alto grado de abandono estatal (solamente siente el
campesino la “presencia” del Estado por la vía represiva a su actividad de
sustento) y que encuentra en los mismos una importante fuente de ingresos, que
aunque no se puede comparar con la que perciben los narcotraficantes, sí genera
en ellos una expectativa económica importante dadas las particularidades
vividas con anterioridad a la proliferación de cultivos ilícitos en el país.
Cuando existe un mercado
organizado, cuando esta fuerza se constituye, cada vez más gracias a la lucha
antidroga, el narcotráfico se convierte en un actor social de gran
trascendencia. Actor que propone nuevas dinámicas sociales y que detenta un
gran poderío económico, en un sistema capitalista, con una potencialidad
hegemónica, ese poder que se otorga al narcotráfico por medio de la
prohibición, trata de conservarlo y agrandarlo en toda la sociedad.
Es aquí donde el narcotráfico
entra como fenómeno social. Al encontrarse organizado, el narcotráfico ha
permeado las esferas de la política, la economía, los medios de comunicación,
el deporte, las fuerzas armadas, etc. Si a esto le sumamos, los grupos armados
ilegales que participan como unos agentes comerciales del mismo, que encuentran
en este mercado como ya se ha dicho una fuente importante de su financiación,
el fenómeno adquiere dimensiones considerables y convoca a la reflexión. Hoy en
día, cuando se ha interiorizado el discurso prohibicionista y la ideología
dominante en prácticamente todo el planeta, en materia de sustancias que
alteran el ánimo, es la ideología de la limpieza moral, el saldo de la cruzada
mundial contra las drogas nos deja un panorama desalentador; millones de
muertos y encarcelados, envenenados, torturados, desaparecidos desfilan
acumulados en las estadísticas del mundo.
En el plano de nuestro país, la
guerra contra el narcotráfico lo único que ha demostrado es que sostiene imperios
criminales, corrupción, hipocresía, marginación, falsa conciencia, suspensión
de las garantías inherentes a un Estado de derecho, histeria de masas,
desinformación sistemática y un mercado negro en perpetuo crecimiento.
El fenómeno alcanza dimensiones
considerables dadas la participación de nuestro país en la producción de
algunos de los narcóticos más apetecidos de las sociedades del primer mundo.
Con esta guerra hemos deteriorado considerablemente nuestra flora, fauna y ríos
y un Estado salpicado constantemente por escándalos relacionados con el
narcotráfico: se han fomentado la corrupción y la hipocresía, se ha
intensificado la violencia, se ha puesto en marcha todo el aparato coercitivo
del Estado para suprimir garantías constitucionales inherentes a los Estados de
Derecho; con esta guerra se ha llevado a la población a una histeria colectiva,
y se ha incentivado un mercado que hasta el momento parece en perpetuo
crecimiento.
Requisitos:
- Todas
las relatorías deben dar cuenta de por lo menos dos de los tres aspectos
planteados para su escritura. Preferiblemente incluir los tres.
- Si
existe más de un texto no se debe tomar por separado, se realiza una sola
relatoría con base en los textos utilizados para su reflexión.
- Las
relatorías pueden tener una extensión entre 3 y 5 páginas.
- No
olvidar la portada y las referencias bibliograficas del mismo
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